Cada palabra que pensamos, cada palabra que convertimos en ave, en pez, o en árbol y sigue multiplicando raíces o trinos en la memoria colectiva es una puerta que nos lleva a otra más.
Si cada palabra es una puerta, esta casa es menudo laberinto que nos aguarda en el misterio de sus tantas habitaciones. Ojalá encuentres aquí (hoy y siempre) un lugar habitable en medio de este gran barullo que escribimos todos los días y llamamos letras.
Lecturas a destiempo.
Hace muchísimo tíempo, décadas o tal vez unos minutos, Mara Gutiérrez convocó a escritores que desearan encontrar su propia voz. Hubo múltiples encuentros en aquellas páginas, y gracias a esas feroces voluntades fue posible repoblar la literatura de Nuevo León con suficientes Dagaístas y eso fue bueno.
Hoy quedan menos, pero aún suficientes Dagístas que van por ahí esparciendo la semillas de la discordia, haciendo que sus poemas, cuentos, narraciones o simples textos encuentren su propia jaula o un hogar que les permita crecer y multiplicarse bíblicamente.
Continuará…

