Gira y gira la cucharilla, deja surcos en el café,
los ojos clavados en el vacío, llanos de tanto pesar.
Llora un sol atardecido, muere sobre su cabeza,
escurre por la espalda, qué triste cascada de luz.
Flota el polvo ya sin gravedad, el último testigo.
18:30 todo es ausencia.
¿Jimena?, ¿Qué haces?
He vuelto mi niña. Vístete, aún queda luz en la calle,
Toca festejar que estamos vivos, ándale.
¿No me dices nada? ¡Mírame!
Levántate mujer.
18:40 solo silencio.
El fantasma de un cuerpo, débil silueta dorada,
en duelo a contraluz.
¡Ay! si el perfume de abril purgara esta sala.
«Vivir en Tapalpa, empezar de cero mi vida,
entre pinos y robles, cultivar nuestra huerta,
tener un hogar».
Apenas recuerdos, son como el eco de un eco, tan lejos.
19:15 suena el teléfono.
Tiembla su reflejo sobre el café, el cabello revuelto,
dos labios partidos, el espíritu ausente ya.
La última esperanza abandonó su causa.
19:16 suena el teléfono.
Perdida en el limbo desconoce el sonido,
ese tono extraño entre la bruma y el luto.
Puro vacío, inerte, crece la nada.
19:17 suena el teléfono.
“Jimena, contéstame.
Jimena, no puedes seguir así.
Tu padre no come, ya nadie habla en casa.
Dime algo Jimena, ¡Toma la llamada!
Tienes que volver, contéstame por favor.”
19:18 silencio final.
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